Vengo de un velorio y misa. Era una prima de mi mamá, sin embargo yo no era muy cercana a ella. La última vez que la vi fue hace 10 meses y eso porque mi mamá estuvo en la ciudad.
A pesar de estar ahí y ver a mis tíos tristes, no me cayó el veinte que ella se fue. Estoy segura que si voy a casa de mi tía podría quedarme sentada esperando a que llegue la prima a saludar.
Lo mismo me pasó en Octubre. Falleció una muy buena amiga de Coatza, del basket. Sabía que tenía meses enferma, un cancer muy agresivo que eventualmente se la terminó comiendo.
Mis padres y mi hermana me hablaron para preguntarme cómo me sentía. Me entristecí pero no derramé ni una lágrima. Sigo sin hacerlo.
Cuando en Diciembre fui a Coatza y visité el negocio familiar que administraba, sentí que me la encontraría ahí como siempre, atendiendo a los clientes. En lugar de ello, saludé a una de sus hermanas que estaba trabajando en el negocio.
Es tan extraño. Se que no somos inmortales pero de alguna manera siento que las personas siempre estarán ahí, aunque tenga años sin verlas.
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