miércoles, 24 de junio de 2009

Necrología de un entrenador

Estaba esperando a que el jardinero terminara con su trabajo. Me senté en la sala donde puedo observarlo a través de los ventanales y agarré el periódico del día, que un invitado había olvidado en la casa.

Decidí hojearlo desde la primera plana. En la 4ta página junto a las columnas de opinión encontré un obituario. La segunda leida que le dí fue muy lenta; no comprendía el nombre y no porque estuviera mal impreso, sino porque mi cerebro no lo procesaba. Al final de la esquela aparecía una invitación para el público a asistir al homenaje que sería rendido.

Miré el reloj. Era en media hora. Me bañé y arreglé en menos de 5 minutos pero cuando salí al patio el jardinero aún no había terminado.

Me desesperé, di vueltas en la sala, comencé a sudar de nuevo y prendí el ventilador.

Diez minutos antes de la hora, el trabajador guardó sus cosas, le pagué y se fue. Ya había cerrado todas las ventanas de la casa y sacado el carro, así que nada más agarré mi bolso, eché llave a la puerta principal y arranqué con rumbo al único gimnasio techado de esta ciudad.

Cuando llegué a la explanada afuera del gimnasio no me invadió una oleada de memorias, solo me sentí bien de estar ahi.

En la tiendita me encontré con un arbitro/entrenador y le pregunté por el homenajeado. Me contó que había fallecido la semana pasada de cáncer de próstata. Fue demasiado rápido. Se lo detectaron en enero y los doctores le calcularon solo algunos meses de vida. En eso sonaron un silbato para que entráramos a la cancha y comenzara el homenaje.

Dada la mala acústica del lugar, no escuché bien las palabras del orador pero en mi mente hice un recuento de mis memorias. Lo conocí cuando entró a trabajar como entrenador de basketball a mi escuela, allá en el último año de secundaria.

Recuerdo mucho el único partido oficial que tuvo el equipo, fue contra la secundaria técnica no se que número y en nuestra cancha. A una de nuestro equipo la empujaron, fue a dar contra el piso y se abrió una ceja.

Dado que era la única con pasión real por el deporte, me recomendó con otro entrenador para que pudiera jugar con chicas de mi categoría y competir en la Olimpiada. Eventualmente jugué toda mi prepa en este nuevo equipo (y en mi primer año ganamos el Estatal). Eso no significa que haya dejado de ver al coach. Ahora dirigía un conjunto femenil en categoría libre y de vez en cuando nos tocaba jugar contra ellas.

Al terminar el homenaje, me quedé sentada en mi lugar. No conozco a su esposa ni sus hijos y me dio pena dárles el pésame asi namás. Seguí observando a medida que salía la gente y vi a una amiga que jugaba en el equipo que dirigía el ahora difunto entrenador. Mi amiga no perdía de vista a una niña pequeña, como de año y medio, su hija.

Tras platicar un largo rato y saludar a su mama, ambas jugaban en el equipo de basket de categoría libre, me retiré de ese horno de gimnasio pero me quedé con las ganas de regresar.

A ver cuando le caigo para una cascarita.

En memoria de Hugo Casique Jimenez (1969-2009)

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